Para mí el ser docente me ha dado una perspectiva más amplia acerca de las verdaderas necesidades sociales de las que somos víctimas. Y es que a decir verdad, tal parece que nadie que se encentre fuera del ámbito magisterial se nota preocupado por las terribles dolencias culturales y educacionales que atravesamos.
Aunque un año de ejercer como profesor de telesecundaria me he encontrado con un la lastimosa realidad de encontrar a maestros desencantados con su trabajo, cansados y abatidos por diversos factores de la naturaleza de la vida, sin embargo también en ese caminar uno observa con admiración a aquellos que jamás se rinden, que dan la cara por el gremio.
En nuestra manos está el dirigir una mejor vida para la sociedad, de nosotros depende que la estructura social tenga un cambio, esto se logrará teniendo una visión más profunda, que la labor no sea sólo enseñar, que construyamos el aprendizaje en el aula junto con los alumnos, que el salón de clases sea un laboratorio de investigación, que seamos acompañantes y amigos. Que el aprendizaje sea significativo en el desarrollo del estudiante, que le sea útil para la vida. En nosotros está el cambio, no nos dejemos llevar por la apatía, por el famoso “ahí se va”, ¡al fin que ni se dan cuenta!
Sólo así redimensionaremos el injusto estatus en que nos tiene la sociedad, es verdad que no fácil, que a algunos nos falta infraestructura, tiempo, pero lo que es un hecho es que las ganas de ver progreso están inmersas en el corazón y espíritu de todos.
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